A las cosas de Martínez  lo hemos definido como un laboratorio de ideas, de conceptos, de productos.  Pero aunque es un concepto innovador, hemos querido mantener  la esencia del local; los bajos de la antigua masía que existía hasta mediados del XIX y que ahora constituyen los cimientos del edifico de viviendas que ocupó su lugar. Y es que para ser creativo, innovador se necesita una buena base. Nosotros la tenemos. Cómo decía Louis Pasteur la suerte solo favorece a la mente preparada. Creemos fundamental trabajar en un espacio que deje volar la creatividad, un espacio abierto, limpio, pero que exprese su origen, que se explique. En Las cosas de Martínez creamos exposiciones, encargamos obra de teatro, defendemos  la cultura,  el diálogo, la creatividad,  el encuentro.   Opinamos que la creatividad es inherente al ser humano, nos diferencia de otras especies,  por eso en nuestro rincón comercial apostamos por el producto artesanal y artístico hecho con la mente y con las manos.

Muchas cosas han ocurrido en este local hasta que llegamos los Martínez.  Primero se utilizó para lo que se construyó, aquí convivían animales, aperos de labranza, productos de la huerta, más tarde cuando la masía dejó  de existir por el crecimiento de la ciudad y la necesidad de acoger a una población en crecimiento, fue un club de boxeo, un cine fórum para el barrio, refugio en la guerra civil, lugar de guateques y reuniones de amigos, almacén de una tienda de pinturas y de compro oro y plata y ahora, después de haber quitado lo añadido a lo largo de esta historia, falsas paredes, gotelés y pretenciosos pavimentos, hemos vuelto al origen, a la piedra, al inicio, a la esencia, a la clave. Y a partir de aquí, una nueva historia. Están ustedes invitados a participar.