Desde hace unos años, Al Víctor recita. Sigue siendo el gran actor de siempre, embebido ahora en un hermoso trabajo de amor al servicio de la poesía. (…) Al Víctor recita Poema de un día, aquella maravilla que también fascinó a Fernán-Gómez, y ves a Machado escuchando el tictac del reloj de su cuarto, “desierta cama / y turbio espejo / y corazón vacío”, recién llegado a Baeza tras la muerte de Leonor, luchando por recomponerse, y piensas luego que si León Felipe hubiera nacido en Brooklyn, su ¡Quiero un signo! sería hoy tan popular como el Aullido de Ginsberg.

Si yo tuviera mano en el Ministerio de Educación haría que contratasen inmediatamente a Al Víctor para que recitara por las escuelas, porque no es lo mismo, sobre todo a edad temprana, leer poesía que escucharla en la voz de un formidable intérprete (“rapsoda” tiene demasiadas gangas y afectaciones de otro tiempo), y porque la poesía entra por la sangre, y tal como él recita va directa a la vena. (Marcos Ordóñez, El País).

(…) Decir que Al Víctor recita versos sería quedarse corto. Más bien, los deglute. Ha convivido con los textos durante décadas, de manera que cuando interpreta a Antonio Machado, el espectador llega a ver al poeta convertido en viudo prematuro, profesor en un instituto de provincias, en Baeza, un pueblo entre andaluz y manchego, lo está viendo ahí mismo, escribiendo en el cuarto de alguna casa de huéspedes, mientras el aguacero repiquetea en los cristales. Esa lluvia que bendecirán los campesinos, los que tienen su moneda en la “traidora rueda del año” (Olga Merino, El periódico de Cataluña)

Espacito y buena letra

Decía un poeta que la poesía había que recitarla en voz alta, oírla, sentir el ritmo, las palabras, el sentido.  Al Víctor no es poeta. Es actor. Y de los buenos. Hace años dejó El Joglars y su creatividad se dirigió al diseño y creación de los hinchables, inventando un mundo mágico de goma que ha viajado por todo el país. Desde hace un par de años , Al Víctor ha volcado su talento en la poesía. Durante una hora (dos partes de aproximadamente 20 minutos cada una con un pequeño descanso) Al Víctor recita, entre otros,  poemas de Machado, León Felipe, García Lorca, Wislawa Szymborska, Amado Nervo, pero también columnas de diarios de autores como Juan José Millás, Manuel Vicent o Fernando Savater, que cobran otra dimensión de la mano del actor.  El espectáculo es de pequeño formato. Solo necesita un enchufe y luz ténue para crear ambiente.