A veces me siento como Concha Cuetos en la popular serie de Farmacia de guardia. En Las cosas de Martínez empiezan aparecer personajes fantásticos que ya han incorporado a su rutina venir a saludar y hacer un poco de tertulia vecinal. Me alegra el día Miguel, un guardia urbano que es lo más alejado a lo que yo había pensado que eran los guardias urbanos (uno se da cuenta de lo que pesan los tópicos). Entra a traerme la prensa, algo que le agradezco mucho, y me recomienda artículos de política, de opinión. Hablamos mucho y ayer sin ir más lejos entró con esa alegría que le caracteriza y exclamo “Cada vez me gusta más el taoismo”… Encantador, amable, culto, curioso y con el sentido de servicio público que tienen que tener un urbano: ayudar al vecino… Por supuesto es el más fan de las exposiciones. Un gustazo. Lo dicho, igualito que Concha Cuetos. Ya me veo triunfando en una serie: Los amigos de Martínez.