Queridos
Hoy quería hablaros del sinvivir de los de mi especie. Por la mañana te vienes arriba porque me avisan que mis tazas (perdón mugs) artesanas, escritas a mano, con más de 50 frases diferentes con la palabra Gracia -refiriéndose al barrio de BCN donde tengo mi tienda (perdón concept store) y al sentido mismo de la palabra- salen destacadas en el ELLE GOURMET (¡SOY COOL!, ¡SOY TRENDY!,¡ SOY EL P…amo de la botiga!) y por la tarde pasas a la profunda depresión porque oyes comentar displicentemente a dos señoras que han pasado cinco minutos riéndose con (y digo con) las tazas y sus ingeniosas frases, que las encuentran muy caras alejándose sin amago de compra. Y yo me quedo con esa cara de pasmado que me caracteriza pensando que no soy de este mundo, porque pienso que si el trabajo del alfarero en su torno, más trabajo de pensar más de 50 frases diferentes en tres idiomas con la palabra Gracia que encima sean graciosas, más el trabajo de escribirlas a mano sobre las tazas, más el trabajo de volverlas a meter en el horno,más traerlas a Barcelona, más etc, etc… más el hecho de haberlas hecho reír o sonreír en su triste tarde, si todo eso para esas dos señoras 12 euros les parece caro, lo mio no es el comercio. Así que me estaba replanteando mi futuro otra vez cuando ha entrado una clienta y se ha comprado tres tazas. Y otra vez para arriba. Lo dicho, un sinvivir emocional.